Lo que aprendimos en el 3.er Congreso Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables y por qué sus conclusiones pueden ayudarnos a construir comunidades más inclusivas, saludables y preparadas para el futuro.
Durante los días 16, 17 y 18 de junio, el equipo de ADIPER tuvo la oportunidad de participar, junto al Ayuntamiento de Almendralejo, en el 3.er Congreso Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables, celebrado en Donostia / San Sebastián.
Más de 800 profesionales procedentes de 76 países, representantes de administraciones públicas, investigadores, universidades, entidades sociales, empresas y organismos internacionales, se reunieron bajo un mismo lema:
«¡Transformemos juntos! Un mundo conectado, equitativo y sostenible, adaptado a todas las generaciones».
Más allá de las ponencias, el Congreso confirmó algo que ya se percibe en muchas convocatorias europeas y que probablemente marcará el próximo marco financiero europeo: el envejecimiento ha dejado de entenderse como un reto exclusivamente sanitario para convertirse en un desafío transversal que afecta al urbanismo, la vivienda, la tecnología, la movilidad, la participación ciudadana, la economía y la innovación social.
Y precisamente esa visión transversal es la que está definiendo cada vez más los proyectos europeos.
Mucho más que ciudades adaptadas
Cuando escuchamos hablar de una «Ciudad Amigable», muchas personas piensan inmediatamente en eliminar barreras arquitectónicas o instalar más bancos en las calles.
Pero durante el Congreso quedó claro que el concepto ha evolucionado enormemente.
Hoy una ciudad amigable significa diseñar comunidades donde una persona pueda desarrollar su proyecto de vida durante todas las etapas del envejecimiento.
Eso implica pensar en:
- viviendas adaptables
- movilidad accesible
- participación social
- lucha contra la soledad
- salud preventiva
- cuidados de proximidad
- acceso digital
- espacios públicos seguros
- cultura
- relaciones intergeneracionales
- gobernanza participativa
Es decir, la amigabilidad no depende únicamente del urbanismo.
Depende, sobre todo, de cómo una sociedad decide organizar sus recursos alrededor de las personas.
Y ese mensaje apareció prácticamente en todas las sesiones del Congreso.
La gran palabra del Congreso: colaboración
Si hubiera que resumir tres días de intervenciones en una sola palabra probablemente sería ésta:
Colaboración
No colaboración entendida como firmar acuerdos.
Sino colaboración entendida como una nueva forma de gobernar.
Durante numerosas sesiones se insistió en que ningún actor puede afrontar solo el reto demográfico.
Ni los ayuntamientos.
Ni las universidades.
Ni las empresas.
Ni los servicios sociales.
Ni el sistema sanitario.
La única respuesta posible es trabajar juntos.
Y precisamente esa idea conecta directamente con la filosofía que llevan años impulsando programas europeos como Horizon Europe, Erasmus+, Interreg o el European Social Fund Plus.
Europa financia proyectos.
Pero realmente lo que financia son alianzas.
Las personas mayores dejan de ser receptoras para convertirse en protagonistas
Uno de los mensajes más repetidos durante el Congreso fue especialmente inspirador.
Las personas mayores no deben ser consideradas únicamente usuarias de servicios.
Deben participar en el diseño de esos servicios.
Deben decidir.
Deben aportar experiencia.
Deben formar parte de la innovación.
Esta idea apareció constantemente durante las intervenciones de expertos internacionales y representantes de la Organización Mundial de la Salud.
La participación dejó de entenderse como una consulta.
Pasa a ser un elemento estructural.
Esto supone un cambio enorme para los proyectos europeos.
Cada vez será más importante demostrar que los usuarios finales participan desde el principio.
No solamente al final del proyecto.
El edadismo también apareció en el centro del debate
Otro de los grandes temas fue el edadismo.
Ashton Applewhite resumió perfectamente la cuestión:
«El edadismo está en todas partes y nos afecta a todos desde que nacemos hasta que morimos.»
Este mensaje tiene implicaciones enormes.
Porque combatir el edadismo no significa únicamente sensibilizar.
Significa diseñar mejores políticas.
Mejores productos.
Mejores ciudades.
Mejor tecnología.
Y mejores proyectos europeos.
Europa está empezando a valorar muy positivamente aquellos proyectos que promueven la participación activa de las personas mayores y rompen estereotipos sobre el envejecimiento.
Innovación sí… pero conectada con la realidad
Quizá una de las mayores conclusiones que nos llevamos desde ADIPER es que Europa ya no busca únicamente innovación tecnológica.
Busca innovación útil.
Es decir:
Tecnología que funcione.
Tecnología utilizada por personas.
Tecnología validada.
Tecnología que mejore la vida cotidiana.
Eso explica por qué cada vez aparecen más conceptos como:
- Living Labs
- Real World Validation
- User-centred innovation
- Co-creación
- Pilot sites
- Social innovation
En otras palabras:
La innovación debe salir del laboratorio.
Y entrar en los hogares.
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Envejecer en casa ya no es una tendencia. Es una prioridad europea.
Durante diferentes sesiones apareció repetidamente un mismo concepto.
Las personas quieren permanecer el mayor tiempo posible en su propio hogar.
Y Europa quiere hacerlo posible.
Esto implica desarrollar nuevos modelos de cuidados.
Tecnologías domiciliarias.
Servicios comunitarios.
Atención integrada.
Prevención.
Teleasistencia avanzada.
Domótica.
Salud digital.
Apoyo comunitario.
Todo ello forma parte ya de muchas convocatorias europeas.
Y todo apunta a que continuará creciendo durante los próximos años.
Las ciudades inteligentes ya no se miden por la tecnología
Otro mensaje muy interesante fue la evolución del concepto Smart City.
Durante muchos años una ciudad inteligente parecía ser aquella con sensores, aplicaciones móviles y datos.
Hoy la visión es diferente.
Una ciudad inteligente es aquella capaz de utilizar la tecnología para mejorar la vida de las personas.
Especialmente de quienes más apoyo necesitan.
Eso cambia completamente la perspectiva.
Porque la tecnología deja de ser un objetivo.
Y pasa a ser una herramienta.
Lo local también construye Europa
Una idea muy repetida por diferentes ponentes fue que los grandes cambios europeos comienzan en lo local.
Las políticas europeas necesitan municipios.
Necesitan barrios.
Necesitan comunidades.
Necesitan asociaciones.
Necesitan empresas.
Necesitan organizaciones que conozcan la realidad cotidiana.
Como señaló Mayte Sancho durante la clausura:
«Es en lo local donde viven las personas, donde se materializan las intenciones y donde se construye comunidad.»
Esta reflexión conecta perfectamente con la filosofía de los proyectos europeos actuales.
La innovación necesita proximidad.
¿Qué significa todo esto para los próximos proyectos europeos?
Después de tres días de aprendizaje, desde ADIPER extraemos varias conclusiones muy claras.
Los futuros proyectos europeos estarán cada vez más orientados hacia:
- innovación social
- salud digital
- economía plateada
- envejecimiento activo
- prevención de la dependencia
- comunidades resilientes
- participación ciudadana
- derechos de las personas mayores
- colaboración intergeneracional
- soluciones probadas en condiciones reales
Y todos ellos compartirán un elemento común: la colaboración.
El papel que puede desempeñar ADIPER
Precisamente muchas de las necesidades identificadas durante el Congreso coinciden con el trabajo que desarrollamos diariamente.
Desde ADIPER llevamos años trabajando directamente con personas mayores y cuidadores tanto en entornos urbanos como rurales.
Nuestra experiencia permite aportar a los consorcios europeos un valor muy concreto:
Validación en entornos reales
Probamos soluciones donde realmente se utilizan.
No en escenarios simulados.
Acceso a usuarios finales
Trabajamos diariamente con personas mayores, familias y cuidadores.
Esto facilita procesos de co-creación y validación.
Innovación centrada en las personas
Nuestra visión parte de una pregunta sencilla:
¿Esto mejora realmente la vida de quien lo va a utilizar?
Experiencia práctica
El conocimiento cotidiano complementa perfectamente el trabajo de universidades, centros tecnológicos y empresas.
Esa combinación es precisamente la que Europa busca cada vez con más frecuencia.
Europa construye redes, no proyectos aislados
Otra de las grandes enseñanzas del Congreso fue comprobar que las mejores iniciativas nacen de redes estables.
No de contactos puntuales.
Durante los tres días vimos cómo ciudades, universidades, administraciones públicas, empresas y organizaciones sociales colaboraban desde hace años compartiendo conocimiento.
Eso confirma algo que desde ADIPER llevamos tiempo defendiendo.
Los proyectos europeos empiezan mucho antes de que se publique una convocatoria.
Empiezan creando confianza.
Generando relaciones.
Compartiendo experiencias.
Aprendiendo juntos.
Una oportunidad para seguir creciendo
Participar en este Congreso ha supuesto para ADIPER mucho más que asistir a un evento internacional.
Ha sido una oportunidad para escuchar, aprender, compartir experiencias y fortalecer nuestra visión sobre el futuro del envejecimiento y la innovación social.
También ha sido una ocasión para establecer nuevos contactos con organizaciones de diferentes países, conocer iniciativas inspiradoras y seguir construyendo una red europea de colaboración orientada a generar impacto real.
Nos marchamos convencidos de que los desafíos relacionados con la longevidad, la salud y los cuidados no pueden abordarse desde una única perspectiva. Requieren conocimiento científico, innovación tecnológica, políticas públicas, participación ciudadana y, sobre todo, cooperación entre organizaciones que compartan un propósito común.
Mirando al futuro: de Donostia a Singapur 2028
El anuncio de que Singapur acogerá el próximo Congreso Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables en 2028 simboliza que este movimiento continúa creciendo y consolidándose a nivel internacional.
Pero el mensaje más importante no fue el destino del próximo encuentro, sino la convicción compartida de que el envejecimiento debe dejar de verse como un reto aislado para convertirse en una oportunidad para transformar nuestras comunidades.
Desde ADIPER regresamos con una idea reforzada: el futuro de los proyectos europeos pasa por construir soluciones útiles, colaborativas y centradas en las personas. Y queremos seguir formando parte de ese camino, aportando nuestra experiencia en cuidados, acceso a entornos reales, validación con personas mayores y desarrollo de iniciativas que mejoren la calidad de vida.
Porque las ciudades amigables no se construyen únicamente con infraestructuras. Se construyen con colaboración, innovación y compromiso.
Y ese es, precisamente, el modelo de Europa en el que queremos seguir trabajando.







