Familiar con Demencia, 10 consejos para cuidarlo

A menudo no nos damos cuenta de cuanto esfuerzo físico y emocional, hacen las personas que cuidan a un familiar con demencia. Estas persona pueden incluso sufrir problemas físicos y psicológicos por la sobrecarga emocional y de trabajo ya que las personas que cuidan a otras personas, denominados ahora “cuidador informal”, se centran tanto en la atención a su ser querido, que incluso llegan a obviar su propio bienestar. Este exceso de carga física y emocional, llega a perjudicar a la persona enferma, ya que sucede que el cuidador informal se siente con más frecuencia cansado, nervioso, desmotivado y con apatía, cuestiones que no ayudan a la convivencia ni al buen cuidado del familiar.

Síndrome del cuidador quemado

En las propias familias, podemos ver con frecuencia como un alto porcentaje de cuidadores de un familiar con demencia, con alzheimer, o parkinson, acaban teniendo problemas físicos, enfrentamientos con otras personas de su familia, incluso en algunas ocasiones, el exceso de dedicación, provoca rupturas familiares y de matrimonios, desencadenando, aislamiento social, dolores crónicos, ansiedad, depresión, y sobrecarga emocional. A estas experiencias negativas se les denomina “Síndrome del Cuidador quemado”.

Debido al aumento de la esperanza de vida, actualmente hay muchas personas que superan los 85 años y muchas pasan por un proceso largo de dependencia y/o discapacidad asociada a la edad. Estos enfermos denominados de alto riesgo o frágiles, por su situación y características especiales, necesitan unos cuidados concretos, en muchos casos con un apoyo puntual de la ayuda a domicilio, y el resto del tiempo, son atendidos por sus “cuidadores informales”. El concepto de anciano de alto riesgo o frágil no es fácil de concretar, y en ocasiones lo confundimos con una persona en situación de dependencia, cuando no es así, ya que una persona de estas características no sólo nos referimos a temas de salud o funcionales, sino que entran en juego otros factores como los sociales y familiares, pudiendo haber casos de ancianos considerados frágiles y dependientes, pero también frágiles no dependientes, y viceversa.

Cuidador-informal

Factores de fragilidad

El grado de fragilidad puede variar de una persona a otra, y los factores que lo hacen son múltiples, incluido, además de su grado de salud, la situación económica o familiar, entre otros. Los factores que pueden definir a una persona frágil van desde la edad, ya que suelen ser personas con 85 años o más, padecer una enfermedad crónica o presentar problemas invalidantes, físicos o psíquicos, tener la percepción de un mal estado de salud por parte de la propia persona y ser una persona polimedicada o que tome medicamentos sedantes. El perfil de la persona frágil es de el de una persona que tiene caídas con frecuencia, o que ha sufrido una de gravedad recientemente, incluso muchas de ellas ha padecido un accidente cerebrovascular y presentan desnutrición.

Sobre la capacidad funciónal, suelen ser personas que necesitan a otra persona para hacer tareas básicas del día a día ya que por lo general tienen problema para moverse y manejarse con destreza y su capacidad cognitiva, el perfil es de personas que pueden padecer depresión, o presentan demencia y/o Alzheimer. Haber perdido a su pareja, cambios de hogar con frecuencia o la soledad, hacen de su situación social otro problema menos visible.

Atención, cuidadores: 10 consejos para cuidar a un familiar con demencia

Estos casos descritos anteriormente no suelen darse en personas que tienen un cuidador habitual, aunque si los problemas descritos con anterioridad. Por ello, las persona que cuida a otras personas, y más si son cuidadores de un familiar con demencia, deberían tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Prepárate e infórmate sobre la enfermedad de tu ser querido. Con frecuencia, vamos tán rápido que no nos paramos a obtener información sobre la nueva enfermedad que ha llegado a la vida de tu familiar y por consiguiente a la tuya.
  • Administra tú tiempo, observa que tipos de tratamiento y cuidados requiere y simplifica las tareas.
  • Apóyate en asociaciones de pacientes y de familiares. Hay muchas personas que están teniendo tú vivencia o mejor aún, ya han pasado por ella y te van a resultar de gran ayuda.
  • Habla con otros miembros de tú familia, con tú familiar y con otras personas que han tenido tú vivencia. Hablar nos va a hacer sentirnos comprendidos y a buen seguro va a reducir la carga emocional y la frustración. Informar a la familia y a las personas del entorno sobre tú nueva función no debe significar que el resto de personas deban desentenderse.
  • Habla con los profesionales, para ir viendo la evolución y el estado de salud del afectado, el progreso de la enfermedad y las alteraciones que se van produciendo en el enfermo y comparte esta información con tú entorno más cercano.
  • Atiende a tú propia familia, a tú pareja e hijos y no te centres únicamente en el cuidado de la persona.
  • Comparte con tus amistades tu situación actual. Te van a entender y respetar y debes compartir con ellos todas las nuevas sensaciones que llegan a tú vida.
  • Intentan buscar un hueco para tomar un café hablar, desahogarte, aprovecha para despejarte y divertirte. Es vital introducir o más bien mantener, esta tarea en tus nuevos hábitos.
  • Controla tus momentos de evasión y tus hábitos; Lee, practica deporte, etc…
  • Busca apoyo profesional además de tus familiares y amigos. Podrás encontrar con facilidad recursos sociosanitarios, como la ayuda a domicilio, que te van a ayudar en el día a día.

Toda esta ayuda, va a venirte bien.

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