¿Cuidador profesional o cuidador familiar?

Cuando llega “la dependencia” de un familiar, nos planteamos qué sería lo mejor para el enfermo y para la familia ¿cuidador profesional o cuidador familiar?

El período de dependencia

Puede llegar en cualquier momento, y lo mejor es que nos llegue con la edad, porque es lo esperado y “natural”. Así y todo, la dependencia generada por la edad es  un período difícil, frustrante, y  en ocasiones complicado de llevar, más aún si todos los cuidados recaen sobre una misma persona.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) existen en España ya casi nueve millones de personas mayores de 65 años (aproximadamente un 19 % del total de la población), de los cuales más de un 6 % son octogenarios . Se trata pues, de un colectivo que si no lo está utilizando ya, requerirá pronto de un cuidador.

Los cuidados que requieren las personas dependientes pueden ir desde el mantenimiento de la higiene diaria y alimentación, controlar la medicación, estimulación de la persona dependiente, cambios posturales, acompañamiento a los servicios de salud, actuar de interlocutor, dar soporte emocional, etc.

Según datos de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el 89% de los cuidadores  de personas dependientes son mujeres  que tienen vínculos familiares con el paciente, es decir hijas o esposa (datos del 2018). Sea el tipo de cuidador que sea, cuidador profesional o cuidador familiar, es demasiada “carga” para que sea realizada por una sola persona..

Pros y contras: ¿cuidador profesional o cuidador familiar?

Cuando se trata de cuidadores familiares, lo primero que hay que tener en cuenta es si contamos con la formación necesaria para abordar los cuidados de esa persona. La familia tiende a pensar que nadie va a cuidar a  su familiar como lo hacen ellos, y se vuelcan sobre  el enfermo para cubrir todas sus necesidades. Sin embargo, en muchas ocasiones van a necesitar conocimientos específicos para llevar a cabo muchas tareas de la vida cotidiana (cambios posturales, estimulación según la enfermedad, ejercicio físicos u otro tipo de ejercicios para seguir manteniendo la poca autonomía que les quede ).Una labor dura y constante, que acaba por absorber todas las facetas de la vida del cuidador familiar, y la mayoría de las veces desencadena en síndrome del cuidador quemado.

Cuando se trata de cuidadores profesionales,  hay una doble ventaja: por un lado un gran beneficio para el cuidador familiar, pues hay una descarga fuerte de trabajo, y un beneficio también para el enfermo, pues recibe exactamente los cuidados que necesita.

Desde Adiper reconocemos la labor social imprescindible que realizan los cuidadores familiares, pues sin ellos en muchas ocasiones no sería posible ni sostenible el cuidado de mayores dependientes. Y por eso apostamos por una profesionalización de los cuidados que ayude al mayor dependiente y a la familia cuidadora.

Lo ideal sería que las dos figuras, cuidador profesional y cuidador familiar, estén presentes en el período de dependencia de un adulto mayor.

 

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